Los tumores malignos de riñón son muy agresivos y deben ser extirpados mediante cirugía lo antes posible. Lo realizamos mediante cirugía laparoscópica.
Los tumores de la vejiga son muy frecuentes, tienden a reproducirse y a progresar y exigen un seguimiento riguroso.
Estos tumores pueden no producir síntomas y crecer descontroladamente. En ocasiones pueden ocasionar hematuria (sangre en la orina) o dolor renal.
En la mayoría de los casos se descubren casualmente al realizar una ecografía abdominal por diferentes motivos (cólico, infección urinaria, dolores abdominales, etc.).
La ecografía es un buen método diagnóstico inicial para detectar la presencia de un tumor en el riñón que puede ser benigno o maligno.
El TAC o Scanner es la prueba radiológica de elección para confirmar la presencia de un tumor de riñón y para orientarnos sobre su benignidad o malignidad.
El único tratamiento que cura definitivamente un tumor maligno de riñón es la cirugía. Debe realizarse lo antes posible, antes de que el tumor se extienda.
Si el tumor es menor de 4 cm y está situado en la parte externa puede realizarse una exéresis del tumor sin necesidad de extirpar el riñón (nefrectomía parcial).
Si el tumor es mayor de 4 cm o y está situado en el centro del riñón el tratamiento definitivo es extirpar el riñón y los tejidos que lo rodean (nefrectomía radical).
En Instituto de Urología y Medicina Sexual realizamos la extirpación de los tumores renales mediante Cirugía Laparoscópica con excelentes resultados.
Los tumores malignos de riñón son muy agresivos y no responden a la quimioterapia. Con inmunoterapia la tasa de respuestas oscila del 15 al 20%.
Los tumores vesicales son muy frecuentes, sobre todo en fumadores. Existen dos tipos:
La manifestación clínica más frecuente es la presencia de sangre en la orina (hematuria). También pueden presentarse molestias y escozor miccional.
Cuando un paciente presenta sangre en la orina (hematuria) sin otros síntomas, es obligado pensar en un tumor de vejiga y descartar o confirmar su presencia con una ecografía.
Las primeras pruebas diagnósticas deben ser un análisis de orina y una ecografía.
Si la ecografía no es concluyente el siguiente escalón diagnóstico será la realización de un TAC o Scanner.
En casos complejos, si persiste la presencia de hematuria y sospecha de tumor vesical se aconseja realizar una cistoscopia, en la que vemos la vejiga por dentro y nos ofrece un diagnóstico definitivo.
El tratamiento consiste en introducir un aparato por el conducto de la orina, llegar a la vejiga y resecar (extirpar) el tumor o tumores (suelen ser múltiples). La técnica se denomia Resección Transuretral (RTU).
El tejido tumoral extirpado lo remitimos al patólogo que nos indicará si es superficial o infiltrante.
Si es superficial, sabemos que tiene gran tendencia a reproducirse y que un 30% puede convertirse en infiltrante. En estos pacientes es muy importante un seguimiento riguroso y realizar lavados vesicales (Mitomicina, BCG) para disminuir la tendencia a la recidiva.
Si es infiltrante, el único tratamiento curativo es la Cistectomía Radical.
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Dr. Luis Rodríguez-Vela
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